Compartir fotos de mi hijo en las redes sociales: ¿sí o no?

Cuando más pequeños más adorables. Cualquier gesto nuevo, cualquier palabra nueva, todo nos parece motivo para compartirlo con los demás. Pero ¿dónde está el límite?

La práctica cada vez más habitual de compartir fotos de nuestros hijos en redes sociales, especialmente en esta época del año, entraña riesgos presentes y futuros. Los pequeños tienen derechos en este ámbito y los padres, muchas obligaciones.

Con la imagen de un menor siempre hay que ser muy prudentes y calibrar su contenido. Más allá del debate sobre “a dónde van a parar estas fotos” y el evidente peligro que esto supone, existe otra cuestión que rara vez nos planteamos los adultos probablemente porque no compartimos estas fotos con ninguna mala intención. Sin darnos cuenta, estamos vulnerando su derecho a la intimidad.

Un derecho, que también en el caso de los niños, está protegido por distintos reglamentos tanto a nivel nacional como internacional, y que los padres y Estados (en última instancia) deben respetar y –sobre todo- proteger.

Fue a finales del año pasado cuando el Tribunal de Distrito de La Haya ordenó la retirada de contenidos en redes sociales de los hijos de una ‘influencer’, prohibiendo publicaciones futuras y condenando a la mujer al pago de una multa, después de que su pareja, padre de los menores de 2 y 4 años, interpusiera una demanda para evitar posibles perjuicios sobre los niños.

De bebés a adolescentes

Es evidente que los niños carecen de madurez suficiente o de capacidad para valorar las consecuencias a medio-largo plazo de que su imagen esté circulando por la red. En este sentido, son sus representantes legales quienes deben velar por su interés y preservar su integridad física, psicológica y moral. Pero cuando esto no sucede, interviene la figura del Ministerio Fiscal y el Juzgado.

Desde Vestalia Asociados, abogados expertos en procesos de cambio y conflicto familiar, nos informan de que ”el menor tendrá derecho a decidir sobre el uso de su imagen que hagan sus padres en plataformas digitales y podrá presentar una demanda contra ellos una vez alcanzada la minoría de edad”.  Eso puede efectuarse ya sea amparado por la Ley Orgánica de Protección del Menor y la Ley de Protección del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen (Arts. 2 y 3), o bien por la Ley de Protección de Datos (Arts. 13.1), la cual en su artículo 95.3 abre la vía del ”derecho al olvido” en redes. En cuanto a la vía penal, la denuncia sería por la comisión de un delito contra la intimidad.

¿A qué los exponemos?

En primer lugar, debemos tomar conciencia de que las imágenes de nuestros hijos son datos personales para el caso en el que permitan su identificación. Se habla mucho de educar a los niños en el uso responsable de las redes sociales, pero muy poco de que quizá el mundo adulto debería instruirse primeramente en esta materia que muchos padres y madres suspenden estrepitosamente.

El hecho de compartir material multimedia de nuestros niños en redes sociales (fenómeno recientemente bautizado como ‘sharenting’) puede conllevar para ellos numerosos riesgos de los que muchas veces los padres y madres no son conscientes, comenzando por la “titularidad” de esas imágenes. Una vez se publican las mismas, se escapan a nuestro control, dejamos de ser sus dueños para que cualquiera pueda acceder a ellas, lo que pone en una situación delicada al niño o niña menor de edad, desconociendo el destinatario final de esas fotografías, así como el uso que se le de a las mismas.

Para muchos padres resulta muy ‘cool’ caer en las redes del postureo digital hasta el punto de olvidar el bienestar de sus hijos, cegados por el ansia de ‘likes’. Vestalia Asociados confirma que ”más allá del puro egocentrismo, existe un gran negocio en redes sociales vinculado a la imagen de los niños a la hora de publicar productos o servicios enfocados a padres y madres”. Por otro lado, algunos padres y madres no son conscientes de que con sus actos comienzan a moldear la identidad o personalidad digital de sus hijos, sin que ellos sean conscientes ni puedan opinar al respecto, lo cual puede perjudicarles en el futuro una vez pretendan dirigir su imagen en redes sociales de acuerdo con sus valores, deseos y su personalidad.

Además, la información que se transmite a través de lo que puede parecernos una inocente fotografía de un niño, es mucha: un simple uniforme del colegio, por ejemplo, serviría para desvelar su lugar de estudio y rutinas escolares; o a través de sus juegos en el parque, sin percatarnos podríamos informar en qué horarios está o no está en casa; por medio de nuestras expresiones adjuntas a ese material multimedia, por ejemplo que les añoramos o deseamos volver a estar con ellos, indicamos que no están bajo nuestra vigilancia.

Así aprovechan sus fotos

El simple hecho de compartir una foto de un bebé por Instagram, por ejemplo, puede ser aprovechado por cualquier receptor de esta en multitud de formas, muchas de ellas escalofriantes: desde unos padres que monetizan las reacciones a esa publicación en colaboración con marcas, a delincuentes que pretendan simular que son sus padres con algún fin ilegítimo o fingir que son un menor para acceder a otros, en el peor caso, usar su imagen para pornografía infantil.

Delia Rodríguez, directora de Vestalia Asociados, coincide en que ”prácticamente se ha normalizado documentar el crecimiento de nuestros hijos a través de las redes sociales y esto supone un caldo de cultivo para futuras suplantaciones de identidad del menor”. El ciberacoso en edades más avanzadas o el uso ilícito de esas imágenes en webs de pedofilia son las consecuencias más habituales.

Haz tu cuenta privada

Cuando pones la imagen de tu hijo en Internet estás regalando información y datos del niño. Una imagen o fotografía de una persona es un dato sobre ella, como su apellido y nombre, según la Ley Orgánica 15/1999, de Protección de Datos de Carácter Personal. Por tanto, el niño puede ser identificado. Para evitar que cualquiera utilice la información que acompaña las fotografías de los niños, lo ideal es restringir al máximo su difusión. Es fundamental que siempre comprobemos los ajustes de privacidad de las plataformas donde tengamos actividad y nos aseguremos de qué datos estamos haciendo públicos sobre nuestros hijos o si los estamos compartiendo solo con familiares y amigos. Últimamente, las redes sociales no dejan de actualizar sus herramientas de privacidad con tal de garantizar la seguridad de sus usuarios. Ahora puedes convertir un perfil público a uno privado o escoger quién puede ver tus publicaciones e incluso ocultarlas a determinados contactos.

Cuidado con los hashtags

Algunos como #bathtimefun o #babyshower son utilizados por depredadores sexuales para encontrar fotografías de menores semidesnudos y subirlas a plataformas de pornografía infantil. También deberíamos desactivar las funciones de ubicación y geolocalización a la hora de compartir las imágenes y no dar demasiada información sobre la vida privada del menor, sobre todo si no sabemos a ciencia cierta quién puede ver o usar esos datos.

Padres divorciados

”Parece que cuando nos encontramos ante un proceso de separación o divorcio, los menores están incluso más protegidos”. afirma Delia Rodríguez. Pues entre los progenitores existe mayor control del uno hacia al otro, siendo menos permisivos con las acciones de la ex pareja en este sentido, lo cual repercute en beneficio de los niños.

Y es que, para poder publicar fotografías de los hijos en común, así como para autorizar al colegio a usar la imagen de los niños en eventos, por ejemplo, es necesario el consenso y aprobación de ambos progenitores pues, de lo contrario, se someterá la decisión a autorización judicial.

Más vale prevenir que curar

En las redes sociales es habitual compartir desde el nombre del menor en los comentarios, hasta la ubicación en la que se encuentra en cada momento, pasando por el colegio y multitud de datos referentes a sus rutinas diarias: si se encuentra jugando en casa, de camino al colegio, en compañía de sus padres de vacaciones… Sin embargo, Delia Rodríguez explica que ”escenas cotidianas que pueden parecernos inocentes en contexto, como la hora del baño de un bebé, es recomendable conservarlas para el ámbito más íntimo”. No obstante, siempre se nos escapan algunos datos personales de nuestros pequeños o pensar en todo momento en lo accesible que puede ser dicha información.

”Los profesionales recomendamos ser precavidos y prudentes en cuanto a evitar absolutamente las publicaciones sobre menores que ofrezcan información personal, ello tanto por parte de los propios progenitores como de los menores, debiendo trabajarse desde casa el aplicar buenos hábitos y uso responsable de las redes sociales implicando tanto a adultos como a los propios niños”, concluye Delia Rodríguez.

Lo que está claro es que como padres queremos lo mejor para nuestros hijos; debemos ser responsables y actuar con sentido común. Las redes sociales inevitablemente forman parte de nuestras vidas pero una sobreexposición de nuestros hijos, no es lo más adecuado para ellos. Son tus hijos, pero son una parte independiente de ti. Tienen su propia vida y sus propios derechos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s